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quarta-feira, 8 de fevereiro de 2023

Dia 8 de janeiro: o dia em que a direita fracassou

Por Emanoel Barreto

A eleição de Lula representou mais do que a sua escolha como sucessor de Jair Bolsonaro. A alternância no Poder representou a escolha do retorno do País aos caminhos civilizatórios, a substituição do arbítrio, ignorância e boçalidade pelo respeito à Constituição, a derrocada do fascismo que se pretendia implantar como estatuto de existência da sociedade, tornando-se o Estado fiador de um status quo nitidamente inspirado no nazifascismo sob o lema Brasil acima de tudo, consigna também adotado por Adolf Hitler.

E tão radical, insana, violenta e fanática é a vivência do bolsonarismo como doutrina mequetrefe, aliada ao mais ralo e rasteiro senso-comum, que há um mês tínhamos em Brasília a intentona que tentou miseravelmente levar adiante um golpe de Estado. O monumental fracasso pôs fim a tal projeto.

Viu-se ali, ao vivo e em cores, como as forças do fascismo agem expressando todo o seu ódio intenso e sincero. O que se ouviu foi o grito, o discurso da brutalidade mais densa e adoidada, que manifestou-se no quebra-quebra e caos instalado com o apoio de setores das Forças da legalidade, uns poucos que cederam aos berros do porrete fascista.

Tivéssemos agora outro presidente e estaria o Brasil mergulhado num lodaçal medonho, onde política, religião e pactos terríveis com segmentos os mais reacionários poderiam até mesmo nos encaminhar aos abismos de algum tipo de república teocrática ou algo que o valha.

Diante de tudo o que aconteceu, da luta que se travou contra o bolsonarismo, da doutrina chã e estúpida que ainda o nutre apesar da aparente e inicial decadência, havia uma escolha a fazer: nenhum outro, a não ser Lula, teria condições de enfrentar o minotauro Bolsonaro e vencê-lo; qualquer outro teria sido derrotado.

Não digo que temos o estadista perfeito, o ser humano radioso, o grande condutor, o político completo, o perfil ateniense do ideal da democracia. Não, mas afirmo Lula que é a figura histórica que mais se aproximou e se aproxima do que se busca para o respeito ao processo civilizatório.

O dilema era o seguinte: eleger aquele que hoje preside o País ou o urro de um minotauro; a palavra de quem busca o esclarecimento ou o murro da estupidez.

Os atos de há um mês provam que escapamos por pouco de involuirmos à mais miserável situação política, submetidos ao lema suarento e sujo do nazifascismo.

PS: a tragédia dos yanomami é a prova concreta do que digo.

 

 


sexta-feira, 1 de outubro de 2010

Transcrevo editorial de "El País", Colômbia, a respeito da tentativa de golpe no Equador. (EB)
Intentona en Ecuador

Una compleja situación enfrenta Ecuador por cuenta de lo ocurrido ayer, cuando una insurrección de la Policía llevó al ataque con gases lacrimógenos -y posterior retención- al presidente Rafael Correa, quien finalmente fue liberado. La huelga de los uniformados generó caos en el país vecino con saqueos y robos en las ciudades principales, que condujeron a la declaración del estado de excepción y la militarización del territorio.



La causa de lo sucedido fue la aprobación, por la Asamblea Nacional, de la Ley de Servicio Público, que desmonta el generoso régimen de beneficios del que gozan hoy miles de funcionarios del Estado, incluyendo a hombres y mujeres que portan el uniforme. Desde hace rato, el inquilino del Palacio de Carondelet quiere acabar con los privilegios que ostentan ciertos empleados de la nómina oficial, pero, como lo demuestran los acontecimientos, llegar a una solución fácil es imposible.

Más allá de la razón que le asiste, el Jefe del Estado ecuatoriano ha hecho más difícil la crisis por cuenta de su estilo imperioso y, en ocasiones, impulsivo. Esa característica ha llevado a cierto distanciamiento entre el mandatario y algunos de los congresistas que integran la bancada de gobierno, que se han aliado con la oposición. De hecho, la protesta policial se da en momentos en que la Presidencia amenaza con disolver el Poder Legislativo por el lento trámite de las iniciativas y así gobernar por decreto y convocar a elecciones anticipadas. Como si eso fuera poco, hay quienes pescan en río revuelto, como el principal antagonista de Correa, el ex presidente Lucio Gutiérrez, con una gran ascendencia sobre las Fuerzas Armadas.

Pero, sin entrar a debatir los detalles o errores que se hayan podido cometer en el manejo de un tema tan difícil, es indudable que en Ecuador no hay un camino diferente al de preservar las instituciones democráticas. Así lo entendieron ayer y con rapidez el mundo entero y los países del hemisferio, como lo dejó en claro un pronunciamiento de la OEA, después de una convocatoria de emergencia de su Consejo Permanente. También fueron apropiados la respuesta de Unasur y el comunicado de la Casa de Nariño, llevado personalmente por Juan Manuel Santos a Buenos Aires, al expresar que Colombia solamente reconoce al gobierno de Rafael Correa.

Hechas esas precisiones, además de los votos para que la normalidad regrese pronto a ciudades y pueblos ecuatorianos, hay que lamentar la emergencia. El motivo principal es que la llegada del actual Jefe del Estado al poder vino acompañada de una buena dosis de estabilidad, fundamental en una nación en la que varios mandatarios no pudieron terminar sus respectivos periodos. De hecho, Ecuador ha sido testigo de tres golpes de Estado y seis mandatarios en los últimos diez años. Ahora se da un paso atrás, que no tiene nada de bueno, aparte de abrir heridas que pueden demorar varios meses en cerrarse, algo inconveniente en una sociedad que sufre los embates de la recesión global y una oleada de inseguridad considerable.


Tampoco es alentador el nuevo traspié que sufre la democracia en la región. Después del golpe en Honduras, que todavía divide a los países del continente, o de los intentos de varios presidentes de perpetuarse en el cargo y alterar el equilibrio de los poderes públicos, lo sucedido en Ecuador es un campanazo de alerta que necesita ser escuchado. Ojalá esta crisis sirva para que los pueblos de América Latina cierren filas en contra de las vías de fuerza y reiteren que, a pesar de sus imperfecciones, la democracia todavía encuentra un terreno fértil en el hemisferio.